>Colombia, país del futuro

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Cuando Stefan Zweig publicó “Brasil, país del futuro”, el famoso novelista austríaco pudo haber escrito también “Colombia, nación del porvenir”. Pese a los atentados, como el reciente en Bogotá, es la visión que siguen teniendo muchos extranjeros que residen en esta tierra, dos veces más extensa que Francia. Ahora bien, Brasil vacila, a pesar de que no tiene ni guerra, ni terremotos, y Argentina ni hablar. Mientras tanto Colombia sigue de pie, sobreviviendo a tragedias como la del Nogal en llamas, las matanzas, los secuestros, los desplazados y los atentados, así como las catástrofes naturales (Armero, Armenia).
Desde fuera, un europeo que nunca viajó hacia las tierras que libertó Simón Bolívar no puede imaginar que compatriotas suyos puedan vivir en Colombia, y los considera a lo mejor como locos o aventureros. Su percepción del país andino desde París o Washington sigue siendo la misma, o sea: en cada andén hay pilas de droga, la vida vale menos de cien dólares ?como en La Virgen de los Sicarios-, uno sale por la calle y se vuelve rehén por el resto de su vida, las ciudades están a sangre y fuego, la economía sobrevive en un 90% gracias a la coca y los grupos armados están a punto de tomar el poder. En pocas palabras es un país donde no impera la ley…
Esta imagen amplifica al extremo problemas reales, pero no va cambiar de la noche a la mañana, infelizmente. “¡Ay. Jacques, sólo se oyen noticias negativas de Colombia en Francia!”, nos comentó recientemente una ministra influyente de Alvaro Uribe. 


No es culpa de los corresponsales de prensa destacados en Bogotá. Una agencia mundial como la nuestra, la más antigua del planeta (fundada en 1835), suministra diariamente decenas de informaciones y fotos de Colombia, que reciben millares de diarios, revistas, sitios web, radios y televisiones de los cinco continentes en seis idiomas (español, francés, inglés, portugués, alemán y árabe). Este abanico de informaciones incluye no sólo los partes de la guerra, como los caros bomba en El Nogal, sino también la pasión por la novela “Yo soy Betty la fea”, las maravillas del mapalé en el carnaval de Barranquilla con un millón de gente en la calle sin un solo muerto, los éxitos de la industria textil y de la moda con Silvia Tcherassi, la devoción de Medellín por las flores y la poesía, los ritmos del vallenato, y más.

Al otro lado del planeta, ¿qué se publica en los medios de todas estas informaciones que reciben de Colombia?. La sangre, los masacres, las explosiones. Y un poco de los Botero (Fernando y Santiago), de Gabo o de Juan Pablo Montoya. Punto aparte. El resto se va por la basura de los medios o termina a lo mejor en una notita de fin de página, para completar un hueco. El lector final no tiene la culpa de tener una visión tan negra del país, si su periódico en Europa o Estados Unidos sólo destaca la sangre y la muerte en Colombia.

Cada periodista extranjero especialista de América Latina se lamenta de esta dicotomía. Se ignora generalmente en el exterior lo que escriben también estos corresponsales en Bogotá, o sea que la economía crece, que el papel de la droga no pasa de 2 a 4% del PIB, que el petróleo siguió saliendo a pesar de 170 atentados en el 2001 contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas, que las flores colombianas inundan al mundo, que se toma tinto colombiano en Roland-Garros durante el torneo francés de tenis, y que a las 7 de la mañana, los parqueaderos de empleados ya están llenos en Bogotá, porque su gente tiene una gran capacidad de trabajo y dedicación a su empresa.

No deja de impresionar que se pueda oír a directores de radio, ya acariciando su micrófono a las 5 y 30, como Fernando Calderón o Darío Arizmendi, entrevistando a ministros tan temprano, lo que nunca se ve ni se verá en París. ¿Y cómo no extrañarse del ritmo de trabajo impuesto en la Casa de Nariño, con un presidente dando ruedas de prensa al amanecer?


Nadie deja de lado en su mente las plagas existentes en Colombia: corrupción tentacular, egoísmo de las élites, violencia nata, desempleo alto, ” vacunas “, secuestros, intransigencia de los grupos alzados en armas y de los dueños del poder. Hace falta solamente un reequilibrio en la visión global de un país todavía fuerte en medio de un conflicto sangriento que ya se cobró 200.000 vidas en 39 años. Es la responsabilidad de los editores de los medios fuera de Colombia, no de los corresponsales en Bogotá. Cada nuevo francés residente en este país andino, amazónico y caribeño comenta lo mismo. “¿Por qué las empresas no invierten aquí? Nunca vi a la gente trabajar tanto. Además es un pueblo amable, dedicado, alegre, de pie en los ‘juernes’ de rumba y aguardiente. ¡Y qué tal esta delicadeza sutil de tutear el viejo amigo con el ‘usted’, al inverso de España!. Nunca dejamos de admirar la belleza de las mujeres de Bogotá, Barranquilla, Cali, Medellín y de todas partes, porque en Colombia no hay sitio donde no se aprecie todo lo bello de la gente o la naturaleza “.

Los europeos afirman que el día que se acabe la guerra, Colombia rozará el primer mundo, su economía crecerá a un ritmo sin precedentes, con una marejada de turistas que invadirán con sus euros y sus dólares, el cañón del Chicamocha, las ruinas de San Agustín, la Sierra del Cocuy (¡que maravilla como se ve desde el avión de Summa!), Leticia, los nevados, las ciénagas, los océanos y llanos, antes de caer en la erótica champeta de los barrios del norte de Cartagena, tal vez con una ex ministra conocida por su pasión para este baile tropicalísimo ! 
Jacques Thomet
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